Mi mente es muy curiosa. Me gusta averiguar sobre muchos temas diferentes, tratando de comprender mejor el mundo que Dios nos regala y que los humanos transformamos. Por eso, disfruto esas entretenidas tertulias sobre diferentes temas
de mi interés con mi colaborador de inteligencia artificial.
Esta
mañana dialogamos sobre un fenómeno que me fascina: la
increíble unidad de nuestro idioma español frente a la
fragmentación de otras lenguas a lo largo de la historia. Un ejemplo
dramático es la variedad de dialectos en el árabe, muchos
incomprensibles para hablantes lejanos, aunque casi todos los países
que lo hablan son vecinos de una amplia zona en el oeste de Asia y el
norte de África.

Esa
gran unidad del español no impide, afortunadamente, la diversidad de
matices. Incluso en regiones cercanas como Bogotá y Antioquia, se
encuentran diferencias que a veces parecen entrar en conflicto.
Esto
lo viví al analizar una decisión fundamental en mi
libro, EL VENDEDOR HALCÓN: ¿por qué trato al
lector de "tú" y no de "usted"?
El
choque entre la norma y la comunicación
Cuando
entregué mi proyecto a mi asesor editorial en Bogotá, él fue
enfático: "se debe tratar al lector de usted". Entiendo el
trasfondo social: en nuestra cultura, las normas y los hábitos
regionales a veces se imponen sobre la gramática, creando distancias
que parecen imponerse por respeto o formalidad.
Le
mostré que mi objetivo no era escribir un tratado académico ni un
manual técnico que dictara normas de venta. Mi propósito era otro:
invitar y acompañar al lector en un proceso de introspección, al estilo de la
mayéutica socrática. Las guías que el lector va descubriendo en este proceso son mucho más valiosas que las "enseñanzas de un experto".
Y
analicé con él este ejemplo de comunicación distante y formal en
Bogotá:
—¿El
doctor va a venir?
—¿Cuál doctor?
—El señor.
—¿Cuál
señor?
—Pues... usted.
Este
diálogo, escuchado allí, nos muestra la rígida influencia de las
normas sociales en el habla. Para muchas personas en la capital de
Colombia, el trato distante y frío debe primar.
¿Por
qué elegí el "tú"?
El
"tú" en EL VENDEDOR HALCÓN no es un
capricho estilístico. Es una herramienta deliberada para:
Crear
cercanía: La transformación personal difícilmente ocurre
bajo una cátedra magistral; florece cuando el lector siente que
conversa con un guía que camina a su lado.
Invitar
a la introspección: Al tutear, elimino la barrera de la
formalidad para invitar al lector a mirarse a sí mismo, a examinar
sus actitudes y a reconocer sus propios aciertos y errores.
Establecer
un compromiso: Este tono crea la confianza necesaria para
que el lector no solo lea, sino que se convierta en protagonista de
su propio cambio.
El
español vivo frente a la academia
Hoy
las academias han pasado de intentar dirigir el idioma a observar
cómo lo usamos realmente. Mi postura es clara: la lengua debe estar
al servicio de la comunicación.
Mi
objetivo como autor es acoger, acompañar y transformar, siguiendo
esa misma dirección. Escribir de manera que el otro se sienta
interpelado y valorado es, al final, el acto de servicio más
profundo que un escritor puede ofrecer.
EL
VENDEDOR HALCÓN no pretende decirte cómo tienes
que ser, sino acompañarte a descubrir cómo puedes llegar a ser un
mejor profesional y, sobre todo, un mejor servidor de los demás.
Mientras
las academias trabajan por la cohesión del idioma, somos los
hablantes, los escritores y los comunicadores quienes realmente le
damos vida al lenguaje en el día a día.
Pregunta
para ti como mi apreciado lector:
¿Sientes que
el uso del 'tú' en vez del 'usted' cambia tu
percepción al leer este libro?
Muchas gracias por dejarme conocer tu opinión en los comentarios.