¿Para
qué existen los clientes, según algunos vendedores mal orientados?:
“Los clientes existen para ser manipulados. Primero por el
vendedor, luego por el gerente de ventas y, finalmente, por el
gerente financiero. Cada uno trata de sacarle más dinero de su
bolsillo”. ¡Este era, en esencia, el “método de ventas
Hull-Dobbs”, basado en técnicas manipuladoras de venta bajo
presión!
¿Resultado?
Baja satisfacción y muy escasa confianza de los clientes en las
empresas y en sus vendedores. i
Casi todos hemos sufrido como clientes a estos vendedores
Chimpancés, y sus empresas, orientados sólo “al cierre” y a su
propio beneficio, al estilo de Abdú Alí. Este tipo de experiencias
nos hace sentir molestos y frustrados: difícilmente buscaremos
comprarles de nuevo (¡excepto si no hay otra opción y estamos
urgidos!).ii
Y, por supuesto, lo pensaríamos dos veces antes de recomendar a
nuestros amigos que compren allí.
¿Qué
es vender? Una mirada desde el otro lado
Para
entenderlo, primero preguntémonos: ¿para qué existen los
vendedores? Esta pregunta nos permite avanzar un poco más en la
comprensión de la misión (acertada o errada) del vendedor. Una
primera respuesta, que parece lógica y válida, podría ser:
“¡Claro, las empresas los necesitan!” Pero... ¿será que los
clientes los necesitan? También el virus de la influenza necesita al
enfermo para vivir, ¡pero el enfermo no necesita al virus!
¡El
cliente no
necesita que “le vendan” lo
que no
desea,
sino que le ayuden a comprar!
Cada
año el mundo produce bienes y servicios por un valor cercano a los
70 billones (70 millones de millones) de dólares,iii
que son más de 10.200 dólares anuales por cada ser humano. Gran
cantidad de estos bienes los compran las personas y otros las
organizaciones. En este mercado inmenso, muchos vendedores se enfocan
equivocadamente, pues se esfuerzan por tratar de vender sus
mercancías… en vez de ayudarles a sus
clientes a comprar lo que necesitan. Vender no es “tratar de
meterle un gol al cliente cuando baje sus defensas”, como algunos
piensan.iv
El
vendedor no es un depredador que busca que sus “víctimas caigan en
la red”. Más bien es un “co-laborador” que gana junto con el
cliente, como ganan el insecto y la flor: esta se asegura su
fecundación y el otro recibe el néctar. Los clientes no necesitan
vendedores que los “atrapen”, sino solucionadores, servidores y
consultores leales y eficientes.v
La venta es un diálogo lleno de empatía y de sentido humano entre
la mente, el corazón y el alma del cliente y del vendedor. El
vendedor debe “venderse a sí mismo”: a su propia mente, a su
corazón y a su alma. Y antes debe preguntarse: “Si yo tuviera esta
necesidad, ¿qué solución buscaría para mí?” La siguiente
historia nos ayudará a comprender mejor todo esto.
Cuentan
que hace muchos siglos un bonzo budista en Japón estaba preocupado
al ver cómo sus monjes eran atacados por ladrones en los caminos.
Ellos intentaban defenderse con sus puños o sus espadas. Mientras
observaba un tifón, el monje veía cómo la fuerza del viento
derribaba los robles. En cambio, el bambú, pequeño y delgado, pero
flexible, se inclinaba ante el viento, y luego recuperaba su forma.
Esta observación
lo llevó a transformar el paradigma de la lucha, y así inventó el
jiu-jitsu (que significa “destreza amable”), una forma de defensa
y ataque que, en vez de intentar frenarlos o esquivarlos, busca sacar
ventaja de los movimientos del adversario.
Así
pues, el mejor vendedor no es un roble firme, sino un bambú
flexible. Y aunque en la negociación el vendedor no busca “derribar”
a un adversario sino conquistar a un cliente satisfecho, sí podemos
tomar del arte del jiu-jitsu (del cual se deriva el yudo, que
significa “modo blando”) esta valiosa lección:
Si
deseamos vender a un cliente, no tratemos de oponernos a sus deseos y
criterios: mejor comprendámoslo, y ayudémosle a canalizar su
energía hacia metas en las que él gane... ofreciéndole soluciones
con nuestros productos y servicios.
Al
fin de cuentas, la venta es “amor sincero y desinteresado (pero
efectivo)” al cliente.vi
Un
curso de “técnicas de amor” no nos sirve si se queda sólo en
las sensaciones físicas o si en nuestro corazón no amamos a nuestra
pareja. De igual forma, si no hay amor y compromiso por el cliente,
tampoco nos sirve un curso de “técnicas (¿o trucos?) de ventas”
ni los manuales de “diálogos enlatados”, ya poco utilizados, que
pretendían guiar el “protocolo” del diálogo: “usted le dice
esto al cliente, él le responde así, usted le replica con esta
frase... hasta lograr el cierre”. ¡Y ay del pobre cliente si
pretendía cambiar el guión! En ese caso, el vendedor le decía:
“perdóneme, pero todavía no le toca hablar a usted”.
En
cierta ocasión un ingeniero de la ciudad de Cali recibió la visita
de un vendedor de enciclopedias, quien dedicó su “charla de
ventas” a “demostrar” la calidad de su producto, sin escuchar
mucho al cliente. El vendedor tomaba un ejemplar por las hojas del
centro, y lo dejaba colgar para explicar lo bien encuadernado que
estaba. Luego, le informaba al cliente cuántas definiciones,
artículos, fotografías y dibujos contenía la obra. Mientras tanto
el cliente pensaba que la enciclopedia, aunque costosa, sería muy
útil para sus hijos. Entonces, interrumpió la interminable charla
del vendedor para decirle: “¿Sabe qué? Voy a comprarla”. A lo
que el vendedor, entrenado sólo para manejar un diálogo “enlatado”
e inflexible, se apresuró a replicarle: “¡No señor, aún no
puede comprarme, pues no he terminado de explicarle el producto!”.
i
FIERMAN,
J. Op. cit., p. 122. El método, llamado así por sus creadores,
Horace Hull y James Dobbs, se aplicó primero a la venta de
automóviles, y luego a otros campos. En la película Fargo,
dirigida y producida por COEN, Ethan y COEN, Joel en 1996 y
distribuida por Gramercy Pictures, Jerry Lundegaard, un gerente
comercial, tiene continuas disputas con sus clientes, pues su
estrategia sigue el método de Hull y Dobbs (aunque no lo mencionan
por su nombre).
Y en un artículo del
año 2004 en el
periódico The Washington Post, el periodista Warren Brown
denunciaba cómo, a pesar de que la Asociación de Distribuidores de
Automóviles alega que ya este no es su método de ventas, algunos
lo siguen aplicando. Por ejemplo, al cliente que llega con intención
de cambiar su auto le retienen por horas, inventando mil disculpas,
las llaves y la licencia de conducción, y comienzan a presionarlo.
Y si el cliente duda, llaman al “gerente”… que es sólo otro
vendedor más hábil en estas técnicas manipuladoras. Finalmente el
cliente acaba por aceptar el negocio. Y para que no se sienta
derrotado y avergonzado, lo “felicitan” por su excelente compra.
BROWN,
Warren. “Keep
the Keys and Beat the Dealer's 'System’”
En: The Washington Post [En línea].
[consultado 28 may.
2009]. Disponible en Internet:
<www.washingtonpost.com/wp-dyn/articles/A27880-2004Jul30.html>.
ii
El psicólogo Robert B. Cialdini narra lo que él mismo comprobó
cuando, en su interés por identificar cómo funciona el proceso de
influencia, trabajó como vendedor. Así describe Cialdini las
estrategias de algunos distribuidores de autos: “Primero negocian
el precio, y luego sugieren una opción tras otra. Tras haber
aceptado un negocio de varios miles de dólares, cien dólares
(adicionales) por una delicadeza como un reproductor de música le
parece (al cliente) un precio trivial. Y lo mismo sucede con el
costo adicional, por accesorios como vidrios oscuros, espejos
laterales, neumáticos (llantas) más finos, o lujos especiales (…).
El truco consiste en proponer cada opción de manera independiente,
para que cada precio parezca insignificante en comparación con el
precio del auto... Al final, el cliente, con el contrato
firmado en sus manos, se pregunta qué pasó, y no encuentra a nadie
más a quién culpar, excepto a sí mismo”. CIALDINI,
Robert B. Influence: Science
and Practice. Boston:
Allyn and Bacon, 2001. p. 16.
iii
La producción
económica del mundo, según datos del 2009 (est.), fue de 70.29
billones de dólares (es
decir, millones de millones). Y la población mundial es de
6,830,586,985
habitantes (julio de 2010, est.).
The
World Factbook. GDP (purchasing power parity) y Population. [En
línea]. [consultado 31
mayo 2010].
Disponible en Internet:
<https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/xx.html#Econ>
y
<https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/xx.html>
iv
Parece increíble, pero esto me lo dijo un gerente durante un
seminario para sus equipos de ventas. Yo le expliqué cómo esa
estrategia contradecía los objetivos acordados con su director de
ventas. Era evidente que para él la presión orientada a “lograr
cierres” primaba sobre la estrategia de asesoría, servicio y
satisfacción del cliente. ¿Qué pasó después? He buscado sus
productos y ya no están en venta. ¡Al fin y al cabo, dicen que “el
jefe manda”, aunque se equivoque!
v
En uno de sus recientes libros,
Philip Kotler afirma que,
frente al reto de Internet, que suministra información comparativa
rápida y completa, y facilita las compras, “los futuros
vendedores deberán estar capacitados para agregar valor al negocio
de cada cliente, no simplemente para comunicar las características
del producto. Tendrán que volverse sofisticados consultores de
negocios (…)”.
KOTLER,
Philip. Las preguntas más
frecuentes sobre marketing. Bogotá: Norma,
2005. p. 124.