EPISODIO 52. EPÍLOGO: ¿Cómo concluyó esta historia?

 Ya habían transcurrido tres meses desde la Fiesta del Vuelo de la Cometa, cuando Salom invitó a Mauricio y al Equipo Halcón a disfrutar una tarde de revisión final y descanso en la Casa el Edén, ya reformada, donde tenía su nueva oficina.

Al llegar, admiraron el hermoso jardín frontal reverdecido, cercado por un seto de hibiscos florecidos. Andrés, el único que la conocía en su estado anterior, comentó:

–¡Está casi irreconocible, se nota la excelente labor del jardinero Antonio: ahora sí parece un verdadero edén!

Los visitantes se sintieron muy a gusto al observar la bella fachada recién pintada y recorrer las zonas interiores bien iluminadas a través de los amplios ventanales.

Ruth, la esposa de Salom, los esperaba dentro de la casa con su café turco muy concentrado y una bandeja con bagels en forma de rosca que acababa de hornear. Todos recordaban con placer el día en que Salom los invitó a probar las matzá shmura al comenzar una de las reuniones del Equipo Halcón.

–Estas rosquillas de origen polaco, sazonadas con cebolla, ajo, huevo, pan de cereales integrales centeno, son tradicionales en muchas comunidades de la otra rama del judaísmo, los asquenazis –comentó Ruth.

Agradecieron a Ruth, y luego de esta deliciosa pausa recorrieron las oficinas donde los consultores y los analistas los saludaron amablemente.

Salom les explicó que estaban trabajando en proyectos para diferentes clientes.

–Forman un verdadero equipo, y su apoyo profesional fue vital durante todo nuestro proceso –les confesó Salom. Los visitantes les agradecieron y los felicitaron.

En las paredes observaron fotografías hechas por Ruth, al lado de cuadros modernos y afiches publicitarios elaborados en el taller.

Mientras los demás escuchaban la explicación sobre el diseño y la impresión de estos afiches con los nuevos equipos técnicos, Andrés y Ruth se apartaron por un momento del grupo para observar dos de las fotografías, que recordaban aquella imagen de la universidad de Sharjah en los Emiratos, que Andrés admiró al visitar la Casa el Oasis.

–Estas también las hice durante esa tarde –le dijo Ruth.

En la primera, se observaba la silueta de un domo coronado por la media luna musulmana.

–Es la mezquita de la universidad –le explicó. Al fondo, brillaba el sol del crepúsculo sobre un cielo de color anaranjado muy suave y sin nubes. A la izquierda una palmera, y a la derecha, un esbelto minarete de base redonda compuesto por cuatro tramos. En el más alto había un balcón circular rematado por una cúpula que asemejaba una cebolla. El ambiente invitaba al sobrecogimiento.

Ruth le señaló entonces otra foto: “la tomé ese mismo día, unas horas antes: esta muestra detalles del edificio administrativo”, le contó. Allí se veía, en la base del domo, una esquina de la cornisa. Se destacaba una parte de la sobria decoración con figuras geométricas: eran una serie de arcos ojivales que se repetían horizontalmente. Sobre ellos, arcos más pequeños, festoneados, que combinaban líneas rectas y curvas. En la cornisa y también en la cúpula, las superficies iluminadas por el sol se alternaban ordenadamente con las sombras producidas por los relieves arquitectónicos. Al fondo, el cielo de un color azul plomizo sin nubes. Andrés estaba impresionado.

–Sigo aprendiendo de tu esmero en la selección y el manejo de cada tema –le reconoció– pues no haces fotos comunes como las de muchos turistas, sino que captas detalles y ángulos inusitados, jugando con la luz, las sombras y las formas para expresar tu propio pensamiento y sentimiento.

Ruth le agradeció, y luego le explicó a Andrés:

–En ese país hasta las columnas de los puentes lucen decoraciones como estas. Y en todas las avenidas y autopistas hay hermosos faroles, no simples lámparas. Es el esplendor del oriente musulmán combinado con los cánones más avanzados del urbanismo contemporáneo. Han invertido sabiamente su riqueza petrolera, para transformarse en un polo financiero, inmobiliario y turístico de esa parte del mundo.

Andrés entonces le contó que había seguido su consejo, estudiando detenidamente a los grandes maestros de la pintura para aprender de ellos. Ruth lo miró complacida.

Entonces Andrés le confió:

No solo he observado con cuidado los temas, la composición, los ambientes, las expresiones y el manejo de la luz en muchos de los cuadros de los pintores que me recomendaste: he querido ir un paso más allá.

Ruth lo escuchaba con gran atención.

Decidí que si lograba adentrarme en las vidas diarias de estos genios, sus amistades, la forma como trabajaban, lo que los inspiraba... aprendería mucho más. Deseaba tener una experiencia imaginativa, similar a la de aquel escritor de guiones y su grupo que viajaron un siglo hacia el pasado en la película “Medianoche en París” de Woody Allen. ¿Recuerdas esas escenas en las que el protagonista pudo charlar con autores como Fitzgerald, Cocteau, Hemingway y con pintores como Picasso, Dalí y otros artistas y cantantes?

Ruth asintió mostrando un interés creciente. Ella también había disfrutado mucho la película. Andrés continuó:

Pues bien, me imaginé que conversaba con Bartolomé Murillo en la Sevilla de 1649, el año de la peste que tomó las vidas de más de 60.000 personas. Caminábamos por la ciudad, conmovidos al ver la gran cantidad de enfermos que agonizaban en las calles y los parques o rogaban a las puertas del hospital por una cama y medicamentos que los ayudaran a sobrevivir. Muy pocos lo lograban. Murillo me abrió generosamente su corazón. Me confesó que no quiso retratar semejante tragedia: más bien pintaba niños inocentes jugando en las calles, o escenas íntimas y delicadas sobre el nacimiento de Jesús, con el ánimo de transmitir la esperanza. 

¡Qué buen ejercicio! le respondió Ruth, quien lo felicitó animada. Sin esa sensibilidad un fotógrafo nunca logra ir más allá de las técnicas frías.

Estimulada por esta novedosa idea de Andrés, Ruth le propuso entonces:

No sabemos mucho de la vida y las costumbres de Rembrandt. ¿Pero qué tal sentarnos en una banca en algún parque de la Amsterdam del siglo XVII para compartir con él una copa de vino? Mientras conversamos relajadamente, tenemos la oportunidad de observar a algunos de  sus amigos que lo saludan al pasar. El pintor entonces nos confía sus experiencias y observaciones sobre su vida diaria y su amistad con los judíos sefardíes, y la forma cómo estos lo inspiraron y le sirvieron de modelos para sus pinturas sobre temas bíblicos, como en el cuadro El regreso del hijo pródigo? 

Andrés asintió sonriente y pensativo y añadió:

¿Y por qué no visitar el taller de Botticelli y hablar con él y con sus aprendices sobre cómo vivieron su colaboración con destacados pintores de Florencia y Umbría para comenzar a decorar la Capilla Sixtina a finales del siglo XV? Tenían el encargo de representar la supremacía del papado, y debieron someterse a las estrictas reglas pictóricas impuestas por el Papa Sixto IV para garantizar la unidad en los temas, en las gamas de colores, en los paisajes y en el estilo y tamaño de las figuras. ¿Puedes imaginarte cómo sería esa conjunción de egos tan grandes, qué competencia o colaboración se pudo dar entre ellos?

Ambos se divirtieron imaginando varias escenas de encuentros o desencuentros de  Perugino con Botticelli, y luego con Ghirlandaio, o con Cosimo Rosselli. Fue un diálogo muy grato entre Andrés y su maestra, quien le agradeció, ya que él mismo era ahora el que le señalaba cómo recorrer nuevos caminos de aprendizaje

Te cuento Ruth continuó él después de una pausa que además, me hice miembro del Club de Fotografía: allí compartimos nuestros trabajos, y también nuestras técnicas y secretos. Yo les comenté lo que me habías enseñado sobre los pintores. Muchos se mostraron interesados en explorar este camino. Y a su vez Felipe, el presidente del club, me recomendó que también estudiara a Edgar Degas: “fue un destacado pintor y dibujante además de un hábil fotógrafo, que captaba como pocos el movimiento como una expresión de la vida”, me dijo. Así que observé algunas de sus pinturas. Allí se ven personas dentro de un salón o una oficina: parecen verdaderas fotografías sin perder el maravilloso toque artístico del pintor. Y el manejo de la luz es magistral.

Anoche hicimos una exposición colectiva en la biblioteca de la universidad –añadió–. Allí recibió un premio especial en la categoría de retratos esta fotografía que hice de Amelia le dijo mientras le mostraba la imagen y le anunciaba:

En un rato se la mostraré al Equipo Halcón. Aún no saben nada de esto.

Ruth lo felicitó por su valioso trabajo y le prometió asistir a la exposición, que permanecería abierta por tres semanas más. Andrés le agradeció. Luego se unieron al resto del grupo que ya terminaba su recorrido por las oficinas.

El bello jardín cultivado

Al llegar al amplio jardín trasero, exuberante y muy florido, se sorprendieron de su amplitud y belleza.

Sobre el césped, una tersa escultura de estuco representaba a una cierva de color pardo que bebía del pequeño riachuelo que cruzaba desde el jardín de la vecina Casa el Oasis. Andrés les mencionó que esa era la vivienda de Salom y Ruth. La cierva estaba acompañada por su cervatillo que parecía jugar y saltar junto a su madre. Aún no había perdido las motas blancas juveniles que se alineaban sobre su lomo.

Salom les preguntó:

–¿Ustedes creen que este jardín está vegetando?

Amelia y Jorge se preguntaron qué estaría pensando Salom. Sabían que un ser humano que vegeta tiene vida meramente orgánica como la de las plantas, o es un perezoso.

Pero Salom les explicó el origen de la palabra:

–Para los agricultores de la antigua Roma, vegetāre significaba 'vivificar', 'estar vivo'. Un jardín que vegeta, se nutre, germina y crece.

Todos se alegraron del reverdecer del jardín, y recordaron la comparación con el servicio silvestre y el servicio cultivado de Halcón. Salom les propuso una nueva metáfora:

–El trabajo del jardinero Halcón requiere semillas, abono, suelo, sol, agua… y mucha paciencia. No tiene sentido iniciar un plan de mejoramiento en el servicio (sembrar la semilla) si no la cuidamos con perseverancia y amor. Nada ganaríamos si tras iniciar el proyecto lo abandonamos porque no vemos resultados inmediatos.

Salom les explicó que el secreto del Halcón exige estas 3 P:

· PLANES estratégicos inteligentes basados en observación e información

· PROCESO decidido (acción táctica y operativa eficaces)

· PERSISTENCIA (respetar el proceso, no dejarlo ni cambiarlo caprichosamente)

Todos estuvieron de acuerdo, pues sentían que su trabajo en equipo había sido exitoso: habían aplicado esas 3 P. Pero sabían que el proceso no se podía detener.

Entonces encontraron que, a la sombra de dos laureles, Ruth y Salom les habían preparado varias mesas con deliciosos platillos, refrescos y unas botellas de vino. Salom y Ruth, sonrientes, los invitaron a disfrutar. Todos les agradecieron su cálida acogida.

Junto a las mesas observaron una susurrante fuente de agua donde una colorida variedad de pájaros bajaba a beber y a bañarse un rato para refrescarse. Una pareja de ibis negros, de picos largos y curvos como cimitarras, voló hasta la fuente a beber. Los demás pájaros prefirieron alejarse, temerosos ante el tamaño de estas aves.

El homenaje de la junta directiva. El nuevo presupuesto

Mauricio entonces les habló con voz algo solemne: 

La junta directiva envía conmigo, para Salom, para Andrés y para todos los miembros del Equipo Halcón, un saludo muy especial de homenaje y felicitación.

Y procedió a leer los nombres de cada uno y a entregarles un pergamino bellamente diseñado con el homenaje y el reconocimiento de la junta. Todos se veían conmovidos por el estimulante mensaje. Hubo brindis y abrazos efusivos.  

–¡Valió la pena el esfuerzo! –comentó entonces Andrés, mirando a Pedro.

Cristina sonrió y luego, en su usual tono bromista, preguntó con voz socarrona:

–¿Qué opinas, Pedro? ¿Ahora sí crees que los fondos asignados hasta ahora para fortalecer la gerencia del servicio han sido bien invertidos?

Pedro asintió con una sonrisa, y Mauricio lo invitó a que les contara a todos sobre lo acordado esa mañana en la reunión de la junta directiva. Pedro anunció:

–Yo les informé sobre el plan para aumentar el presupuesto invertido en servicio al cliente para el próximo año. Ya sabemos todos que no se trata de crear más burocracia estéril, sino de ayudar a ganar más clientes satisfechos y rentables. Y la Junta aceptó gustosa la propuesta.

Todos aplaudieron. Andrés, agradecido, mostró su satisfacción. Luego Pedro tomó su libreta forrada en cuero y revisó sus apuntes ilustrados con el dibujo de un árbol. Se preparó entonces para revelar los detalles.

Cristina lo interrumpió, tocó suavemente su libreta, y le preguntó pícaramente:

Pedro, ¿cuánto dinero nos pedirías por dejarnos admirar tus dibujos y leer todos esos secretos que has venido registrando en esta elegante libreta durante nuestras reuniones? 

Pedro se sonrojó sin responder, mientras los demás reían.

Tras esta interrupción, Pedro reveló cuál era el monto del presupuesto asignado. El Equipo Halcón expresó su aprobación.

Salom le dio una palmada de felicitación en el hombro a Pedro, mientras guiñaba el ojo y comentaba:

–Una empresa en la que todos se integran alrededor del cliente, con una visión y objetivos sensatos, exigentes pero alcanzables, es una verdadera empresa Halcón. ¿Y saben cómo se llama el mejor ejemplo de esta clase de empresas? –les preguntó, mientras alzaba su copa.

–Se llama…

–…¡CAMPIÑA FRESCA! –concluyeron todos en coro, mientras reían y levantaban sus copas para brindar.

Salom sonrió, y preguntó:

–Andrés, creo que además de los excelentes resultados tienes un par de cosas más para compartir con el grupo, –dijo, guiñándole el ojo.

Andrés, sonriente, tomó una bolsa que había traído, extrajo cinco bolas de colores, y les ofreció por más de medio minuto un maravilloso espectáculo de malabarismo.

Amelia lo observaba con admiración.

Los gerentes y asistentes felicitaron a Andrés y le preguntaron cómo lo había conseguido.

–Me propuse como reto, a la vez que íbamos diagnosticando, planeando y mejorando nuestro servicio, progresar también en mi afición a los malabares. Me costaba mantener el cuerpo relajado y a cada lado los antebrazos y manos horizontales y ahuecadas. No fue fácil lograr que las bolas se movieran en el mismo plano vertical, sin desviarse hacia adelante o hacia atrás. Pero poco a poco logré dominar los malabares con tres bolas, y luego con cuatro. La coordinación cerebral de las dos manos, cada una haciendo lo suyo, fue muy difícil. La quinta bola fue la que más me costó, pero persistí en la práctica y por fin la semana pasada lo logré y se lo confié a Salom.

Salom y todos lo aplaudieron. Mauricio invitó a Andrés a incluir en sus próximos talleres de motivación este entretenido espectáculo como símbolo del difícil equilibrio en el servicio de Halcón.

¿Qué sigue luego? 

Salom le muestra nuevos retos ante los cambios crecientes. Andrés enseña la foto de Amelia. Auncian su próxima boda. En la Melodía de Andrés expresan sus sentimientos ante los nuevos horizontes..

No lo olvides: Cuando intentas pinchar la mano con el lápiz,
no lo haces por el borrador sino por la punta. Así debe ser tu estrategia.


 

Comentarios

Entradas populares de este blog

PRÓLOGO DE CARLOS FERNANDO VILLA GÓMEZ

SOBRE LOS DOS PRESTIGIOSOS PROLOGUISTAS DE ESTA NOVELA EMPRESARIAL

ENTREGA 54. En preparación para la publicación del libro: un elogioso comentario.