Todos tarareaban alegremente la canción. La música seguía:
Y la carreta que va adelante
mil campanillas lleva sonando,
y hasta las ruedas hacen su cante
porque los ejes van repicando...
Doce cascabeles lleva mi caballo, por la carretera,
y un par de claveles al pelo prendío, lleva mi romera.
–¿Sabes acaso quién es el autor de esta alegre canción? –preguntó Andrés a Jorge con curiosidas: –tú eres el experto en este tipo de música.
Jorge les explicó:
–Es bien curioso: este pasodoble del sur y el este andaluz fue compuesto por un español perteneciente al otro extremo de la península (Galicia, frente a la costa noroccidental), pero llegado desde mucho más lejos: Ricardo Freire, nacido en Santos, cerca de São Paulo (Brasil). a miles de kilómetros de España era hijo de gallegos y regresó con su familia a Galicia siendo niño. Se han hecho más de 2000 versiones. Los pasodobles, ya algo olvidados, han sobrevivido gracias a las bandas taurinas, a las tunas universitarias y a las “Fiestas de Moros y Cristianos” de primavera o verano en España.
Andrés le agradeció, pues hacía meses quería saber más sobre este pasodoble tan querido para él. Y les contó que de pequeño se lo escuchaba cantar a su abuelo mientras cuidaba sus flores. Luego, Amelia y él invitaron a todos a la boda. Anunciaron que incluiría una carreta tirada por un caballo, con doce cascabeles y muchos claveles, y sería amenizada por música flamenca y latinoamericana. Pedro tomó su libreta para dibujar la escena de la carreta y su caballo. Todos levantaron sus copas entusiasmados con la noticia y brindaron con ellos.
Salom no resistió el deseo de tomarle el pelo a Andrés mientras les guiñaba el ojo:
–Con tantas responsabilidades, ahora tendrás que aprender malabares con seis bolas: las cinco ya no te bastan.
El comentario despertó una alegre carcajada en el grupo y cálidas sonrisas en la pareja. Andrés le respondió:
–Tienes razón, Salom, y te cuento que la próxima semana empezaré a practicar para dominar las seis bolas.
Salom pasó su brazo sobre la espalda de Ruth, guiñándole el ojo, y anunció:
–Ahora, pediremos a nuestra fotógrafa profesional y oficial que capte el recuerdo de la pareja rodeada por el Equipo Halcón, para no olvidar este grato momento.
Todos procedieron a unirse alrededor de los dos novios y frente a Ruth quien ya tenía su cámara en la mano, pero esta les indicó que se verían mucho mejor teniendo al fondo el bello guayacán florecido del rincón del jardín. Y les explicó:
–Esta fotografía quedará en el álbum de la pareja, y en el de la empresa, así que debemos escoger el fondo más artístico.
En esa esquina el sol de la tarde iluminaba a las personas cayendo en el ángulo apropiado sobre sus rostros. Amelia se sentó en un columpio mirando a Andrés, quien
la tomaba por la mano. Todos los demás, incluido Salom, los rodeaban muy sonrientes ante tan grato encuentro.
Ruth tomó varias fotos de la idílica escena, esperando elegir luego las dos mejores. En ese momento todos se sintieron sorprendidos por una algarabía que se acercaba desde el poniente: se trataba de una festiva bandada de ruidosos periquitos de todos los colores que llegaban en busca de sus dormitorios en lo alto de una palmera y en los árboles vecinos, sin dejar su alegre bullicio. Andrés se preparó para registrar esa preciosa escena. Ruth hizo lo mismo.
“¡Por suerte esta vez sí traje mi cámara!”, pensó él complacido.
Luego les comentó que algunas de las fotos que admiraron al entrar eran de Ruth. Y les habló sobre la publicación de sus producciones en revistas destacadas. Todos la felicitaron y le agradecieron.
–Para mí, como aficionado, ha sido una gran maestra –reconoció Andrés.
Y extrajo de su portafolio la foto de Amelia, contándoles que el Club de Fotografía la había seleccionado para la exposición colectiva de retratos en la biblioteca de la universidad, donde recibió una mención especial. Andrés quería una imagen muy espontánea, así que, el fin de semana en el que se celebraba la feria de verano, la había invitado a pasear por el parque que rodea el planetario. Antes de mostrarles la fotografía, les narró cómo fue su estrategia:
–Al llegar a un kiosco de venta de flores le pedí a Amelia que eligiera algunas mientras yo limpiaba el lente y preparaba la cámara. Pero era un truco: ella no sabía que ya la tenía lista. Cuando la vi relajada sin pensar en lo que yo hacía, la sorprendí con la foto. ¿Y adivinan qué flores escogió?:
–¡No lo digas, apuesto a que fueron claveles! –exclamó Cristina con su tono alegre.
–Tienes razón, es mi flor preferida –le respondió Amelia sonriendo.
Andrés les enseñó entonces la foto: Amelia aparecía risueña y coqueta en el momento de prender de su diadema plateada los dos claveles rojos que había elegido para adornar su pelo. Su mirada era vivaz y serena. Sus pequeños anteojos añadían gracia a su bello rostro. A un lado, el pintoresco kiosco con techo de franjas rojas y blancas que exhibía una colorida variedad de flores. Niños con helados y golosinas y con muñecos de peluche y globos de colores en sus manos, acompañados por sus padres, se paseaban por entre las atracciones de la feria. Al fondo, algo difuso, aparecía el surtidor de una fuente de agua que brillaba por el sol. Cerca de la fuente, un pino candelabro muy alto y delgado. A lo lejos se insinuaba el domo del planetario y varias cometas que volaban alto con el viento. El cielo de un azul intenso solo dejaba ver unas pocas nubes.
–¡Pero no sabíamos que además de excelente ejecutiva también Amelia es modelo fotográfica! –bromeó Cristina poniendo una mano cariñosa sobre su hombro.
Todos la felicitaron a ella y también a Andrés.
–El mérito es de este gran fotógrafo –dijo Amelia estrechando con su brazo la espalda de Andrés. A lo que este le respondió con un beso en la frente, diciendo:
–Con tan genial modelo, no se puede uno equivocar.
–Preciosa imagen: veo que quisiste destacar la escena de Amelia y el kiosco, dejando el fondo un poco borroso –le comentó Gloria.
–Así fue, Gloria: aumentando la velocidad del obturador y abriendo el diafragma para equilibrar la cantidad de luz, me centré en su rostro y en el kiosco, dejando el fondo ligeramente desenfocado. ¿Y saben algo?: fue Ruth la que me dio valiosas lecciones sobre los buenos pintores y los retratos de rostros.
–Muy buen trabajo –le dijo Ruth–: el manejo de la profundidad de campo según lo que se desee destacar requiere de mucha pericia. Sólo los buenos fotógrafos lo saben hacer y rara vez se ve en los pintores, excepto tal vez en los impresionistas con su combinación de pinceladas cortas y largas para diferenciar los planos de la imagen.
Todo el grupo disfrutó ese agradable momento.
Nuevos horizontes para CAMPIÑA FRESCA
Al finalizar, Salom les advirtió:
–Finalmente, no olviden el peligro de la complacencia. Lo que han concluido con éxito siempre puede desmoronarse como las bolas de malabarista mal manejadas: deben continuar evaluando y mejorando. Ahora nuestra gran tarea, como nos la enseña John Kotter, es seguir arraigando todos estos cambios en la cultura de CAMPIÑA FRESCA, hasta que todos sientan y vivan en forma natural y espontánea que esa es “la forma como hacemos las cosas aquí”.
El Equipo Halcón recordaba muy bien esa enseñanza. A continuación, los exhortó:
–Y cuando sientan que han concluido una etapa y han ganado un nuevo nivel de calidad e imagen, deben seguir innovando, observando su empresa, e investigando a sus clientes y el entorno para buscar nuevos retos, nuevos sueños y nuevas metas. No lo olviden: “cuando nuestros competidores nos alcancen, sólo encontrarán las cenizas de nuestro campamento: nosotros ya iremos una colina más allá”, porque no en vano somos Halcones, –añadió, guiñando el ojo a Amelia. Ella recordó aquella reunión cuando Salom le dijo esas mismas palabras. Salom concluyó:
–Porque si no mantenemos el impulso de la innovación, reinará la complacencia, la moral decaerá, el equipo se debilitará y se paralizará, los clientes se irán alejando y poco a poco la empresa morirá. Y es que la visión exige compromiso y trabajo constante. Ningún deportista quedará satisfecho con un trofeo por el que nunca luchó. Como decía el poeta romano Publio Ovidio Nasón, (43 a. C.- 17 d. C.): “No se desea lo que es fácil de obtener”.
Y les hizo esta sugerencia:
–CAMPIÑA FRESCA debe pensar desde ahora, como parte de su proceso de transformación digital, no solo en la automatización de muchos de sus procesos logísticos como la generación de pedidos a los proveedores con base en la rotación y venta detectada en los puestos de pago, que ya funciona hace años, sino también en los robots motorizados que reponen automáticamente el inventario según los patrones que muestran esos datos.
Y sobre esto, les habló de la advertencia de un documento audiovisual de la Deutsche Welle (DW) llamado “El declive de los supermercados”, que analiza el efecto de la creciente automatización y el aumento de las tiendas al estilo de Amazon Fresh, El vídeo concluye con esta reflexión:
“Creo que la columna vertebral y la mayor parte de la interacción entre el consumidor y el comercio minorista tendrá carácter personal. En el futuro, quizás quienes tengan éxito serán los que consigan conjugar la tecnología y el servicio humano de una forma positiva.”
–Y ese es precisamente el modelo que ustedes han comenzado a construir, y que deben cuidar y estimular hasta consolidar totalmente su éxito.
Luego añadió:
–También debemos pensar en un servicio apoyado en la domótica o automatización e intercomunicación del hogar con sus habitantes. La domótica es una tendencia creciente en el mundo, aunque los fabricantes de aparatos domésticos y quienes proveen equipos y redes de comunicación aún están lejos de definir los necesarios protocolos universales, pues la diversidad de formatos ha impedido el avance.
Hizo una breve pausa, y continuó:
–Pero hoy sabemos ya de refrigeradores (o neveras) y de despensas que se comunican con el celular para reportar qué productos están escaseando, cuáles están a punto de vencerse y qué ideas o recetas hay para aprovechar lo que ya se tiene en el hogar. Y los carritos de los supermercados, interconectados con las estanterías y con el celular y el hogar de cada cliente mientras recorre los pasillos, podrán irle recomendando compras apropiadas según las existencias o agotados en su casa, y de acuerdo con el plan de alimentación saludable diseñado para la condición de cada miembro de su familia, mientras al mismo tiempo registra sus hábitos: cuánto tarda su visita, dónde se detiene... Todo esto, enlazado con el creciente conocimiento en profundidad de nuestros segmentos de clientes, y de cada cliente individual según su perfil, sus interacciones y consultas y sus hábitos de compra.
Salom entonces los exhortó:
–CAMPIÑA FRESCA debe pues iniciar o continuar con las líneas de investigación, al lado de las cámaras y gremios del comercio, los fabricantes y comerciantes de equipos, las universidades y los centros de desarrollo tecnológico, para asegurarse de estar listos para ir aprovechando los nuevos desarrollos que están llegando. Esto es ir más allá del humo del campamento actual.
Mauricio y los miembros del equipo escuchaban con gran interés a Salom.
Al concluir, todos le agradecieron a Salom por haberlos invitado a su nueva sede de trabajo y por la forma como les había ayudado a comprender y mejorar radicalmente lo que venían haciendo hasta alcanzar el nivel del Halcón.
Salom los felicitó por su entusiasmo y compromiso durante el proceso. Cuando ya el sol se ocultaba en el cielo rojizo del poniente, hicieron un último brindis por los novios, por Salom y Ruth y por el Equipo Halcón.
En el camino de regreso, mientras empezaban a aparecer a lo lejos las luces de la ciudad, Mauricio, Cristina y otros gerentes pensaban en los clientes de CAMPIÑA FRESCA, y en los rápidos cambios en el ambiente empresarial y tecnológico y se preguntaban cómo identificar y planear creativamente esos siguientes pasos para ir a la vanguardia en la tecnología, y para continuar innovando en el servicio de Halcón, como les señaló Salom.
Y así finalizó la última reunión del Equipo Halcón… por ahora.
La melodía de Andrés
Andrés y Amelia regresaron juntos a la ciudad. Los dos se veían emocionados, no solo por el homenaje tan efusivo que recibieron con motivo del anuncio de su noviazgo y de su próxima boda, sino también por los importantes logros de él y de todo el Equipo Halcón, incluida Amelia. Andrés sentía que sus expectativas y sus metas desde la primera reunión con Salom en la Casa el Oasis, y la visita inicial de este a Mauricio y al equipo gerencial se habían alcanzado a cabalidad, gracias al trabajo dedicado de diagnósticos y creación de estrategias y posterior motivación y capacitación.
Realmente, con el apoyo decidido de tanta gente valiosa, la misión estaba muy bien cumplida y el avance continuaba.
Eligieron para escuchar en su auto la canción de los Carpenters “We’ve only just begun” lanzada en 1970. Los arreglos y el piano de Richard Carpenter y la hermosa voz de su hermana Karen los emocionaban.
https://www.youtube.com/watch?v=9hJCr9cq5co&ab_channel=TheEdSullivanShow
Andrés le explicó a su novia que esta pieza fue creada originalmente para el anuncio comercial de un banco, y reflejaba las emociones y sentimientos de una pareja que comenzaba su nueva vida de casados.
–La crítica alabó la madurez vocal de esta mujer tan joven en su momento, cuando apenas alcanzaba sus 20 años.
Así decía la letra:
Acabamos de comenzar a vivir.
Con blancos encajes y promesas,
y el beso de la suerte al seguir nuestro camino,
(Acabamos de comenzar...).
Volamos hacia el sol naciente,
¡hay tantos caminos para elegir!,
empezaremos caminando y aprenderemos a correr,
(Y sí, acabamos de comenzar...).
Compartimos horizontes nuevos para ambos.
Miramos los anuncios en el camino,
y conversamos sobre esto solo tú y yo,
trabajamos juntos día a día,
juntos...
Y al llegar la noche, sonreímos,
¡Hay tanta vida por delante!
Hallaremos un lugar y un espacio para crecer,
(Y sí, acabamos de comenzar...).
Al escuchar las notas finales de la canción, se besaron de nuevo para expresar todo su amor y compromiso mutuo.
Para Andrés y Amelia, era realmente un hermoso y promisorio comienzo, para CAMPIÑA FRESCA era un avance maravilloso, y para esta historia, es el...
FIN
No lo olvides: Cuando intentas pinchar la mano con el lápiz,
no lo haces por el borrador sino por la punta. Así debe ser tu estrategia.
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