Ahora
escucha estas curiosas historias. Tal vez te causen sorpresa o risa:
pero... también reflejan muchos de nuestros propios errores.
1. ¿Es recomendable cortar la punta al lomo de cerdo? 1
Un hombre observaba cómo su joven esposa cortaba la punta a un lomo de cerdo antes de meterlo al horno.
—¿Por qué lo haces?
—Porque así es la receta. Me la enseñó mi mamá.
El hombre preguntó a su suegra por qué lo hacía. Ella le respondió:
—Es la forma adecuada de preparar el lomo. La aprendí de mi mamá.
Finalmente, intrigado, preguntó a la abuela, una mujer inteligente y dinámica, si esa era la forma como ella preparaba el lomo de cerdo. La respuesta fue categórica:
—No, yo nunca lo hago. Sería absurdo.
—Es curioso, abuela, pero tu hija dice que lo aprendió de ti cuando era pequeña— repuso el hombre.
—¿Cómo? ¡Mi hija es tonta—, se quejó la abuela. —Cuando ella era niña, mi horno era muy pequeño, y no me cabía el lomo entero. Pero desde que tengo un horno grande no necesito cortarle la punta.
2. ¿Se debe atar al gato durante la oración? 2
En un monasterio había un gato muy inquieto que distraía a los frailes mientras oraban. El abad ordenó que lo ataran durante la oración. A partir de entonces, todo funcionó perfectamente. Llegaban nuevos monjes, observaban las costumbres, partían los más antiguos a su casa del cielo… y la práctica se mantenía
Todo marchaba bien, hasta que el gato murió, y los monjes, muy preocupados, le dijeron al abad que no podían orar sin gato.
—Tranquilos, vayan al pueblo y compren un nuevo gato—, dijo el abad.
Los monjes regresaron desconsolados pues no había quién les vendiera un gato.
—Entonces, mientras tanto, aten el gato hidráulico del auto a la columna.
Y se dice que por todo el mundo esta comunidad fundó nuevos monasterios, y en cada uno de ellos se veía un gato atado a la columna en el momento de orar. Y los teólogos escribieron tratados muy sesudos y profundos, apoyados en citas bíblicas y en autores santos y muy sabios, para demostrar por qué había que tener un gato atado a la columna durante la oración.
¡Y lo más curioso, es que
todos ellos se lo creían!
3. ¿Debemos tocar la campana si nos invaden? 3
Roberto Sobel, profesor de historia de la Universidad de Hofstra, cuenta que en 1803 el gobierno británico creó un cargo de vigía. Las instrucciones le exigían que permaneciera en los acantilados de Dover mirando con un catalejo hacia Francia. Si veía que Napoleón se acercaba a invadir, el vigía debía tocar una campana en señal de alarma. Cuando el cargo quedaba vacante, el gobierno procedía a reemplazarlo... ¡lo cual ocurrió repetidas veces hasta el año 1945!
Podríamos imaginar tú y yo este diálogo entre el último funcionario, al comienzo de la Batalla de Inglaterra, y su empleador:
—Jefe: ¿qué tal si en vez de un catalejo utilizamos el radar? Es un invento inglés reciente, bastante eficaz.
—No joven, aténgase al manual: utilice el catalejo como siempre se ha hecho.
—Jefe: ¿y no podríamos cambiar la campana por un radiotransmisor? Así la información llegaría más rápido y más lejos.
—No, mejor haga lo que siempre se ha hecho.
— Perdón, jefe: yo supe por el texto de historia de mi hijo que Napoleón murió hace 120 años. ¿Por qué no mejor miramos si viene Hitler a invadirnos?
—Mejor cumplamos con las instrucciones.
NOTAS:
1 Esta sugestiva historia acerca del lomo de cerdo la he encontrado en diferentes artículos y libros sobre creatividad. Uno de ellos es el de Raymond Prada: Creatividad e innovación empresarial.
2 Esta historia está inspirada en el cuento breve El gato del gurú, publicado por Anthony De Mello en su libro El Canto del Pájaro.
3Citado por Robert Townsend en su clásico libro Arriba la Organización.
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