EPISODIO 69. El vendedor Halcón, su amigo Chimpancé y la calidad en la venta (primera parte)

Buenos días, querido lector de este blog. Varios lectores como tú me han pedido que les hable algo más sobre el libro El vendedor Halcón: sus estrategias. 

Con gusto les comparto este artículo que publiqué dentro del libro Lecturas Seleccionadas de Mercadeo 2010, Asomercadeo, Medellín, 2011 y que más tarde reprodujo la revista argentina Señales del Cono Sur - #04 Abril Mayo 2014).
 
Un gerente me preguntó: "¿Por qué mis vendedores no venden, si ya han estudiado todo sobre las ventas? Solo les falta aprender a cerrar con sus clientes".

Yo 
le respondí con otra pregunta: ¿Qué es entonces lo que saben? Tal vez les falta APRENDER A ABRIR para lograr cerrar.

Este artículo, que publiqué dentro del libro Lecturas Seleccionadas de Mercadeo 2010, Asomercadeo, Medellín, 2011 y que más tarde reprodujo la revista argentina Señales del Cono Sur - #04 Abril Mayo 2014) nos ayudará a aclarar este vital asunto:

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Cierto día el vendedor Chimpancé le preguntó a su amigo Halcón:
 
—¿Por qué yo pierdo tantas ventas, mientras veo que tus clientes y los de tu empresa aumentan día tras día?
 
Entonces el vendedor Halcón, que había aceptado ser el mentor y guía de su amigo en el proceso de aplicación de las enseñanzas del libro El vendedor Halcón: sus estrategias, comenzó a explicarle cómo las claves estaban, no sólo en su manejo equivocado del proceso de la venta, sino también en el débil compromiso con la calidad de parte de su amigo, de sus compañeros y de toda su empresa.
 
La calidad y el concepto de marketing


Halcón le mostró a su amigo cómo con frecuencia los clientes no se decidían a comprarle, y algunos de los que habían comprado antes no volvían a hacerlo, por causa de la calidad inconsistente o débil en su asesoría como vendedor. Pero esta no era la única causa: también había que buscar las razones de las pobres ventas en los problemas de calidad de los productos y servicios de la empresa.
 
—¡Tienes razón!— exclamó Chimpancé. —He perdido más de un cliente que antes me había comprado, no por culpa mía, sino porque no estaba satisfecho con mis productos o con el apoyo que recibía de otras áreas.
 
—Y eso nos demuestra como la calidad, la venta y la satisfacción del cliente son
responsabilidad de toda la empresa— le explicó Halcón. Y luego le mostró cómo el concepto del marketing (su filosofía básica) coincide con los principios de la calidad: permanecer atento a los cambios en las necesidades, deseos y requerimientos de los clientes actuales y potenciales, con el fin de diseñar productos y procesos que logren satisfacer (o superar) las expectativas de esos clientes.
 
Chimpancé comprendió entonces que esta filosofía se aplica a las estrategias de toda su empresa, desde la creación y fabricación de sus productos y servicios, pasando por la asesoría suya como vendedor, y culminando con la entrega y el apoyo para el uso, disfrute y mantenimiento.
 
El mejoramiento continuo en la aplicación del modelo NAICDASE
 
—¿Qué debo hacer yo y qué debe hacer toda mi empresa para garantizarle a nuestros clientes esa satisfacción?— preguntó luego el vendedor Chimpancé.
 
Y su amigo Halcón le explicó:
 
—Primero tú, con base en el tercer camino del libro , debes redefinir tu misión, no sólo en términos de “vender”, sino como “ganar clientes satisfechos, fieles, rentables, crecientes”. A partir de allí debes comprometerte a fondo con esos clientes, aplicando el modelo NAICDASE (Necesidad, Atención, Interés, Confianza, Deseo, Acción, Satisfacción, Evaluación) en la preparación y el desarrollo de cada encuentro con ellos (quinto y sexto caminos del libro) . Ya no debes tratar de “cazar clientes” a ver si “caen en tu trampa” y terminan por comprar. Mejor debes orientar todos tus esfuerzos a buscar a aquellos clientes que, al comprarte, pueden recibir los beneficios que ellos desean. Para ello debes identificar sus necesidades y deseos, ganar su confianza y buscar con ellos su satisfacción, para obtener así una evaluación positiva que los mantendrá deseosos de volverte a comprar y de recomendar a sus amigos y conocidos que busquen tu asesoría, gracias a una calidad creciente.
 
—¿Entonces tú piensas que el modelo NAICDASE me ayudará realmente a mejorar la calidad en mi trabajo y en la evaluación de mis clientes?— preguntó con interés
Chimpancé. —¿Cómo lo puedo lograr?
 
—Te propongo que hagas lo siguiente— le sugirió Halcón. —Aplica con gran cuidado el plan de ocho semanas que aparece en el sexto camino del libro, observando, midiendo, mejorando cada día y cada semana. Pregunta a tus propios compañeros y a tu líder (y también a algunos clientes con los que tengas más confianza) qué calificación crees que mereces hoy en la aplicación de cada una de las etapas del modelo, desde 1 (nivel pésimo) hasta 5 (nivel excelente). Y cuando tengas claro en qué nivel te encuentras hoy para cada etapa, proponte tú mismo metas de mejoramiento, leyendo el libro, desarrollando sus ejercicios y sus teatros de ventas, realizando sus meditaciones, e indagando en otros libros y artículos, y con tus amigos, en busca de las mejores ideas, que te ayuden a aplicar el modelo, y se acomoden a tu propia personalidad y circunstancias.
 
—Me imagino que, si trabajo así, mis ventas crecerán continuamente— preguntó
Chimpancé con gran interés.
 
—Yo pienso lo mismo— le explicó Halcón. —Pero también debes cuidar la calidad de la venta desde el punto de vista de tu empresa.

EPISODIO 68. El arte de preguntar en la venta

En el episodio anterior te invité a releer en EL VENDEDOR HALCÓN, SUS ESTRATEGIAS este pasaje, que muestra cómo lograr una buena comunicación con tus clientes. Si tú no tienes aún el libro, te lo transcribo aquí.

 
La historia de Lucía: ¿necesita ella ahora una camioneta nueva?
 
Andrés, un vendedor Halcón del sector de automóviles, asiste a una fiesta de bodas en una finca de su región. Allí se encuentra con Lucía, una amiga, médica veterinaria especializada en zootecnia, a quien no veía hace varios años. Se saludan con entusiasmo y conversan un rato sobre temas de interés común mientras saborean unas copas de vino. Luego, Andrés inicia un diálogo animado, con base en diferentes preguntas, acerca del trabajo de Lucía.

―Y cuéntame: ¿cómo van tus actividades como médica veterinaria?
 
―Muy bien, Andrés ―responde Lucía con gran satisfacción―. Gracias a Dios he venido captando clientes en toda la región: la mayoría son dueños de granjas pequeñas o medianas a quienes visito para prestar asesoría técnica,  atender enfermedades del ganado, y mejorar la productividad.
 
―Me imagino que tu camioneta te sirve de consultorio ambulante ―pregunta Andrés, mientras observa curioso el vehiculo que su amiga estacionó hace un rato a algunos metros de distancia.
 

―Así es: en la parte de atrás tengo un laboratorio para examinar muestras, y también el equipo para atender algunas emergencias.
 
―¿Cuándo compraste la camioneta?
 
―Hace cinco años, y tenía dos años de uso cuando la adquirí ―le responde Lucía.
 
―¿Y qué tal te ha funcionado?
 
―Bien, en general ―confiesa ella―. El problema es que, por tanto trabajo, a veces me descuido en el mantenimiento preventivo.
 
―¿Y esto te ha ocasionado problemas?
 
―Muy pocos, pero a veces han sido molestos ―explica Lucía―.  Por ejemplo, algunas varadas en las carreteras por daños de las correas del sistema eléctrico y de una manguera del sistema de enfriamiento, pero he logrado solucionarlos gracias a los mecánicos de los pueblos. Sin embargo, el problema más grave se presentó hace un mes, cuando regresaba tarde a casa: se dañó un pasador del eje, tuve que pedir una grúa, y llegué a mi casa después de las diez de la noche. Por esta razón, al día siguiente incumplí algunas citas, lo cual afectó mi imagen ante los clientes, sin contar el efecto negativo sobre mi facturación.
 
―¿Y no has pensado en cambiar tu camioneta por una nueva? ―le interroga Andrés.
 
―¡Claro que sí! El problema es que no tengo el dinero, pues acabo de comprar equipos para mi laboratorio y estoy a punto de adquirir una vivienda nueva. De hecho, reuní la cuota inicial con gran esfuerzo y deberé pagar mensualidades altas. Así que ya te imaginarás cómo estaré de ilíquida ―responde ella.
 
―¿Has considerado la opción de tomar otro crédito para comprar tu nueva camioneta?
 
―Sí lo pensé ―dice Lucía―, pero no me gusta endeudarme mucho. Más bien he pensado esperar un año más hasta reunir el dinero.
 
― Permíteme te hago esta pregunta, Lucía, ¿has evaluado los costos ocultos, si decides aplazar la compra del vehículo?
 
―No he pensado en eso. ¿A qué te refieres, Andrés?
 
―A la desvalorización de tu camioneta y al incremento de los costos de mantenimiento, a medida que disminuye la vida útil del vehículo. En suma, perderás dinero y disminuirá el valor comercial de tu camioneta.
 
Lucía se queda pensativa, mostrando preocupación. Andrés calla y espera. Al final, ella le responde:
 
―Tienes razón, la verdad es que no lo había pensado.
 
―Y no se trata sólo de los costos económicos, Lucía. ¿Has pensado en los costos humanos y emocionales? Me imagino, por ejemplo, que no quisieras repetir la angustia de aquella noche cuando esperabas la grúa.
 
―¡Jamás, no desearía volver a pasar por un momento como ese! ―exclama Lucía.
 
Andrés calla y observa cómo Lucía se sumerge de nuevo en sus propios pensamientos: “Debe estar evaluando los pros y los contras de hacer el cambio ahora”, piensa Andrés, quien prefiere dejarla que reflexione. Un momento después, ella le confiesa:
 
―Pero me preocupa el cambio, pues me exigiría una liquidez que ahora no tengo.
 
―¿Has analizado opciones diferentes a pagar de contado el valor mayor de una camioneta nueva? Porque muy seguramente quien te la venda te recibe la actual como parte de pago, aunque sea de otra marca ―interroga Andrés.
 
―¿Cuáles son esas opciones? ―pregunta Lucía, interesada, pero un momento después ella comprende algo, demostrándolo con una expresión vivaz―. ¡Andrés, yo no te he preguntado nada sobre tu trabajo, y creo recordar que eres un vendedor de automóviles!
 
―Tienes razón en cierta forma, aunque yo no llamo así mi profesión ―le explica Andrés. Prefiero decir que mi misión consiste en ayudar a las personas y a las empresas a comprender mejor sus necesidades de vehículos automotores; y a elegir, comprar y disfrutar las mejores opciones, según sus propias posibilidades y criterios.
 
Lucía lo mira con admiración. Ahora comprende por qué Andrés ha demostrado durante esta interesante conversación un equilibrio valioso entre la precisión de sus preguntas y su respeto por una posible clienta.
 
―Ya me dijiste que no te gusta endeudarte ―continúa Andrés, respondiendo a la pregunta de Lucía acerca de las opciones―. Sin embargo, ¿no crees que vale la pena considerar la compra de la nueva camioneta en forma similar a la compra de tu próxima vivienda?
 
―¿Cómo es eso, Andrés?
 
―Pues el plazo no sería tan largo, ni lo necesitas, pero el impacto en tu presupuesto mensual sería similar: simplemente eliminas el riesgo de un mantenimiento anual costoso, inviertes e incrementas tu patrimonio, y, sobre todo, obtienes una inmensa ganancia en seguridad personal, en tranquilidad emocional y en productividad. Esto vale mucho más que cualquier inversión. Así tu esfuerzo se paga sólo y con ganancia alta para ti.
 
―En verdad Andrés, todo esto va teniendo cada vez más sentido ―responde Lucía animada―. Te lo agradezco mucho, pues me estás ayudando a aclarar mi mente y mis prioridades, y a enfrentar en forma efectiva dos temores que tenía ocultos: el de poner en riesgo mi seguridad física y el de afectar mi liquidez y mi patrimonio. Cuéntame, ¿qué marcas y qué tipo de vehículos ofrece tu empresa? ¿Cuál me recomiendas? ¿Qué planes me sugieres?  
 
En el libro EL VENDEDOR HALCÓN, la lectura del anterior diálogo concluye con esta invitación
 
Reflexiona y toma nota
1. Antes de conversar con Andrés, ¿qué probabilidad tenía Lucía de decidirse a  comprar en los siguientes días una nueva camioneta, sin aplazarla varios meses o un año?
 
2. Y ahora, ¿cuál es la probabilidad de anticipar su decisión y comprar pronto? ¿A qué se debió este cambio en el  pensamiento de Lucía?
 
3. Antes, ¿cuál era la probabilidad de elegir la marca que Andrés representa, en caso de comprar una nueva camioneta? (por supuesto, habría muchos otros factores que influirían, además de la asesoría del vendedor, como la imagen de cada marca y su publicidad, su adecuada distribución, sus precios atractivos, etc.).
 
4. Tras el diálogo que acabas de leer: ¿cuál es la probabilidad de selección de la marca que Andrés representa? ¿Por qué?
 
5. ¿Cuántas frases de Andrés puedes contar en el anterior diálogo?
 
6. ¿Cuántas de estas frases son afirmaciones y cuántas son preguntas? (incluye en este recuento también las preguntas indirectas; es decir, aquellas frases que no llevan signos de interrogación, pero sí buscan obtener información).
 
7. ¿Cómo interpretas el balance entre el número de preguntas y el número de afirmaciones?
 
8. Con base en la historia de Lucía, ¿qué elementos adicionales debería tener un modelo de la venta mejor y más eficaz que el utilizado por el vendedor Chimpancé? Piensa por un momento en estos elementos y escríbelos en tu libreta.
 
9. ¿Qué enseñanzas te dejan estas reflexiones, y cómo las aplicarías en tu trabajo y en tu vida?
 
10. ¿Y cómo vas sintiendo que fluye tu energía?
  
El vendedor Halcón y el arte de preguntar
 
En el diálogo anterior observaste cómo Andrés hizo once preguntas estratégicas a Lucía, hábilmente organizadas, y pocas afirmaciones.  Así, este vendedor Halcón pudo  ayudar a su clienta  a reconocer una necesidad para tomar una decisión.  
 
El  vendedor Halcón mediante preguntas ayuda a tomar decisiones correctas a sus clientes. En general, nadie toma una decisión importante sólo porque otra persona intente sugerirle o imponerle una posible solución, a no ser que esté convencido de que esa decisión es la mejor. Pero esto no quiere decir que los clientes lleguen a sus decisiones sólo por medio del análisis racional y frío: también las emociones juegan un papel importante.
 
(...)
 
El vendedor Halcón versus la venta “al revés”
 
El diálogo entre Andrés y Lucía no parte del producto o servicio y de sus características, sino del cliente y sus necesidades. Además, busca generarle valor a la vida y a las actividades del cliente a partir de los beneficios concretos que ese producto o servicio puede darle. Este es “el gran secreto”  que guía al vendedor Halcón y lo ayuda a destacarse de los demás vendedores.
Por el contrario, un vendedor Chimpancé, al estilo de Abdú Alí, se esforzaría por “convencer” a un posible cliente de que debería comprarle ya porque su marca es superior. Él centra su venta en sus productos o servicios y en sus propias metas, no en las necesidades de sus clientes. Piensa que es la manera correcta de vender y fracasa, sin llegar a reconocer que lo que intentaba era vender al revés.
 
Esto no significa que el vendedor Halcón se limite a “esperar a que le lleguen los clientes”, como la Marmota. Al contrario, pudiste observar cómo Andrés, para ganar nuevos clientes, no duda en buscar continuamente formas de ayudar a sus amigos y conocidos, al mismo tiempo que les muestra cuál es su profesión.
 
Todo lo anterior nos ayudará a comprender y apropiarnos del nuevo modelo NAICDASE (Necesidad, Atención, Interés, Confianza, Deseo, Acción, Satisfacción, Evaluación), que veremos a continuación. 

EPISODIO 67. El principito y el zorro, o cómo dejar que mi cliente me “domestique”

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
 
Busqué los atajos angostos,
los pasos altos y difíciles...
A tu alma se iba
por caminos anchos.
 
Pedro Salinas

En el segundo camino del libro “El vendedor Halcón: sus estrategias” mostramos la importancia de que el vendedor, como investigador y estratega de marketing, perciba e interprete adecuadamente los mensajes del entorno y especialmente de sus clientes, como paso previo para ganar su confianza, su aceptación y su fidelidad.
 
Cierta anécdota que me ocurrió durante un vuelo en avión (y la forma como la analicé con mis alumnos de investigación), nos ayudará a comprender mejor el asunto. Pero antes recordemos este bello relato de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry (capítulo 21):
 
–¿Quién eres ?– dijo el principito.– Eres muy bonito…

–Soy un zorro– dijo el zorro.


–Ven a jugar conmigo– le propuso el principito. –Estoy tan triste...
 
–No puedo jugar contigo– dijo el zorro. –No estoy domesticado.
 
–¡Ah! perdón– dijo el principito (…). ¿Qué significa "domesticar"?
 
–Es algo demasiado olvidado– dijo el zorro. –Significa "crear lazos."
 
–¿Crear lazos?
 
– Claro  ̶ dijo el zorro.  ̶ Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo (…) Si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. (…).
 
El zorro se calló y miró largamente al principito:
 
–¡Por favor... domestícame!– dijo.
 
–Me parece bien– respondió el principito-, –pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
 
–Sólo se conoce lo que uno domestica– dijo el zorro. –Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
 
–¿Qué hay que hacer? –dijo el principito.
 
–Hay que ser muy paciente– respondió el zorro. –Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
 
Este hermoso pasaje, que seguramente hemos leído y disfrutado algunas veces, nos entrega una gran lección para los vendedores y los expertos en marketing.
 
La turbulencia en el avión: ¿cómo interpretar esta historia?
 
Tras releer este pasaje del principito y al zorro, recuerdo lo que me sucedió aquella tarde.

̶̶ Esta mañana volaba hacia acá, –les comenté a mis alumnos de investigación de marketing. –El cielo se veía despejado y hermoso. De repente el avión se sacudió con fuerza. Una persona que viajaba cerca de mí, al otro lado del pasillo, gritó algo.
 
Mis alumnos me escuchaban con gran interés. Entonces les pregunté:
 
̶̶ ¿Qué piensan que exclamó esta persona?
 
La mayoría me hablaron de expresiones de susto, de angustia, de preocupación…
 
Luego les pedí que describieran a esa persona. La imaginaban como una mujer (o tal vez un hombre), de 45 o más años, de temperamento algo nervioso. Finalmente les aclaré:
 
̶̶ Sí, era una mujer. Muy bella, de ojos color miel y largos cabellos rubios. Pero sólo tenía unos nueve años. Y su reacción no fue de susto. Más bien de emoción, pues exclamó con una gran sonrisa en su rostro:
 
̶ ¡Huy, qué chévere!
 
Quienes la escuchamos, no pudimos menos que sonreír al tiempo que sentíamos alivio. ¡La niña esperaba que el piloto “repitiera el juego”, pues lo había disfrutado mucho!
 
La moraleja de ambas historias: “domesticarnos” mutuamente
 
Finalmente les pregunté a mis alumnos: “¿Qué parte de nuestras propias personalidades revelamos con nuestras respuestas?”. Nadie habló, pero todos reflexionaron en silencio y comprendieron mi objetivo real con esa historia. Y es que, como nos enseña un sabio:
 
“Si tú le pides a alguien que te cuente SU historia, te contará UNA historia. Pero si tú le pides  que te cuente UNA historia, te contará SU historia”. (Esta sabia expresión anónima se la escuché al psicólogo, ingeniero e investigador Diego Germán Arango).
 
Mi reflexión final para los vendedores (y para los expertos en investigación) es esta: si deseo superar las barreras y frenos psicológicos para indagar sobre la mente y el corazón de mi cliente y comprender las motivaciones de su comportamiento (con frecuencia recónditas y misteriosas), no puedo plantearle preguntas directas. Y aunque algunas herramientas de la investigación, como el neuromarketing, nos ayudan a conocer o predecir sus reacciones, no son suficientes para tocar su alma, verdadero secreto para su fidelidad. Ya nos lo advertía el economista y ambientalista chileno Manfred Max Neef: “Sabemos mucho, muchísimo… pero comprendemos muy poco, o casi nada… Nuestro error consiste en creer que describir más explicar es igual a comprender”.
 
¡Así pues, el camino es más simple y bello!: mejor debo acercarme a mi cliente y a nuestro común asunto en forma indirecta, como el principito al zorro. Si al comienzo desisto de preguntarle por mi producto y mi marca, y más bien lo invito a contarme historias (o a interpretar las que yo le presento) alrededor de su vida, sus necesidades, sus sueños y sus angustias, estaré mejor preparado para entrarme hasta su alma (sin “atajos angostos o difíciles”), observar el mundo con sus ojos y sentirlo con su misma piel. El diálogo entre Andrés y Lucía (p. 77 a 80 del libro) es un buen ejemplo de esto.
 
Y así, una vez conquistada su confianza, él con gusto me abrirá su corazón para compartir sus pensamientos y experiencias alrededor de mi marca y de otras marcas y opciones. Pero el secreto es ir más allá de sus palabras (“el lenguaje es fuente de malentendidos”), para intentar acercarme, con gran respeto, a sus sentimientos y emociones. Sólo así el cliente y yo podremos “domesticarnos” mutuamente como amigos para establecer una relación de aprendizaje, grata satisfacción y fidelidad duradera.

(Una versión breve de este artículo su publicó en TIEMPO DE MERCADEO de noviembre de 2011 a enero de 2012 con el título "Dejar que mi cliente me 'conquiste'")

EPISODIO 66. El balance entre la intuición y la razón en el pensamiento empresarial estratégico

Nota: este artículo, escrito hace 21 años, sigue teniendo plena vigencia como una necesidad en la formación de los gerentes para el mercadeo del siglo  XXI. 

Contaba el gran publicista David Ogilvy: “Le pregunté a un apático redactor publicitario qué libros había leído sobre publicidad. La respuesta del joven fue que él no había leído ninguno, pues prefería confiar en su intuición". A lo que Ogilvy le replicó: "Suponga que esta noche tienen que extirparle su vesícula biliar: ¿usted elegiría a un cirujano que haya leído algunos libros sobre anatomía y que sepa dónde encontrar su vesícula biliar, o prefiere un cirujano que confíe en su intuición? ¿Entonces por qué nuestros clientes deben apostar millones de dólares [de su presupuesto de publicidad] a su intuición?".

Esta anécdota nos demuestra por qué no es válida ni aceptable la práctica de algunas personas, sean gerentes, ejecutivos, vendedores o “creativos”, de guiarse SOLAMENTE por la intuición para tomar importantes decisiones. Y en esto coincido con el autor y consultor Kevin J. Clancy.

 
Pero, en mi concepto, tampoco es válida, en el otro extremo, la práctica de confiar EXCESIVAMENTE en la razón, en los modelos matemáticos y en los datos, si estos modelos no nos llevan a una intuición sólida y bien respaldada (o sea, a una VISIÓN PODEROSA).
 
Si no comprendemos esto, podríamos aplicar mal las recomendaciones de Clancy.
 
Este autor dice en su entrevista con José Salibi Neto que "el buen gerente de marketing debe ser, por un lado, creativo y abierto a nuevas ideas, y por el otro debe comprometerse a basar sus decisiones en herramientas de análisis y modelado". O sea, Clancy espera "creatividad", y "nuevas ideas" en los gerentes de marketing.
 
Pero es obvio que un modelo matemático, por más sofisticado que sea, y por más que se apoye en poderosos computadores, no puede producir ideas nuevas ni ser creativo (aunque sí puede ayudar a juntar y combinar la información y verla desde una nueva perspectiva). Las ideas las produce el ser humano con su intuición y su creatividad, no con su juicio racional.
 
El papel de los modelos matemáticos en las estrategias
 
Clancy propone el uso de modelos matemáticos que permitan comparar lo que sucede en la cabeza de los consumidores, con informaciones sobre ventas y rentabilidad, con el fin de administrar mucho mejor los insumos de marketing.
 
Por medio de herramientas de investigación, análisis y modelado se buscaría observar habitualmente cómo están evolucionando las ventas y la rentabilidad, y qué factores de marketing condujeron a un determinado desempeño.
 
Para ello, se intentaría entender lo que pasa en la cabeza de los consumidores en temas como:
 
Ø Conciencia de marca
Ø Actitudes
Ø Percepción
Ø Experiencia
Ø Comportamiento
Ø Compras frecuentes
Ø Satisfacción,
Ø Etc.
 
Este es realmente un aporte valioso y fundamental de Clancy a la ciencia del mercadeo.
 
Limitaciones de los modelos racionales
 
Pero jamás debemos ignorar el grave peligro que corremos al desconocer las limitaciones de un modelo como este, que pueden venir desde tres distintos ámbitos:
 
Los gustos y actitudes cambiantes de los clientes.
 
Como decía Miguel Montaigne (citado por nuestro insigne poeta Porfirio Barba Jacob en el epígrafe de su Canción de la Vida Profunda): “El hombre es cosa vana, variable y ondeante, y es difícil formar sobre él un juicio definitivo y uniforme”.
 
2. Los factores del entorno que afectan a los clientes (cambios en la economía, en la demografía, en la legislación, etc.).
 
Las acciones y reacciones (previsibles o imprevisibles) de los competidores.
 
Podemos apostar, sin temor a equivocarnos, a que, si dos o tres competidores en un mismo mercado desarrollan modelos matemáticos similares para medir la influencia de sus decisiones de mercadeo en sus clientes (y es seguro que los imitadores lo harán cuando vean cómo su competidor les ha ganado ventaja), muy pronto alguno de ellos (¿tal vez el líder?) intentará cambiar las reglas del juego, diseñando estrategias imprevisibles, que a veces van en contravía del modelo. Y muy seguramente, en una proporción pequeña pero importante, algunas de estas estrategias lograrán resultados positivos y sorprendentes.
 
Así, un competidor astuto habrá cambiado los paradigmas y modelos, dejando obsoleto el modelo anterior. Y este cambio no habrá sido fruto de un cuidadoso análisis puramente racional, basado en las probabilidades matemáticas, sino que surgirá de la intuición y la imaginación creativa, por supuesto bien informada.
 
Obviamente, nunca faltarán quienes al principio rechacen esa nueva estrategia, cualquiera que sea, por ilógica y anticientífica.
 
Como decía Thomas Henry Huxley: “El destino acostumbrado de toda nueva verdad es comenzar como una herejía y terminar convirtiéndose en superstición”.
 
Por eso, tiene razón quien dice que “el papel del intelectual es pensar en contravía”.
 
Así pues, en lo que tiene que ver con las estrategias de mercadeo, la Universidad debe desarrollar en sus futuros profesionales una poderosa intuición creativa, que no puede estar apoyada en pálpitos facilistas, sino en información sólida, completa y bien analizada, y ante todo, en un acercamiento al cliente, para "meterse en su piel", con el fin de sentir y mirar el mundo desde su punto de vista.
 
Se trata, pues, de lo que podríamos llamar “el sentido común adecuadamente informado” .
 
Un buen líder debe tener la capacidad de cambiar a voluntad su forma de pensar, según las circunstancias y necesidades, y según el resultado requerido.
 
Los expertos lo llaman un "switch" o conmutación entre el hemisferio cerebral izquierdo, lógico, analítico, matemático, y el hemisferio cerebral derecho, intuitivo, sintetizador, holístico y totalizador.
 
Es lo que magistralmente propone Ron Schultz al analizar el proceso creativo y de decisiones de algunos líderes empresariales :
 
"El tener los datos adecuados es esencial en el mercado actual. Es como cocinar una buena sopa. Usted conoce los ingredientes. Prueba el aroma y el sabor, y su experiencia le aconseja que la deje un poco más a fuego lento... El proceso exige un ir y venir entre el pensamiento analítico y el intuitivo. Es necesario absorber muchos datos... y luego dejarlos hervir, comprobando el resultado de vez en cuando y conversando con otras personas sobre el asunto para buscar nuevas perspectivas, con el fin de añadir sus puntos de vista a la receta".
 
O sea, debemos enfocar las decisiones desde el hemisferio derecho del cerebro, (intuitivo, espacial, emocional). "Pero esto no significa que el análisis se deba ignorar", acota Schultz.
 
O mejor aún, un buen líder debe alternar frecuentemente su pensamiento entre las cifras (sombrero blanco), las emociones (sombrero rojo), las ideas negativas (sombrero negro), las ideas constructivas (sombrero amarillo), las ideas nuevas (sombrero verde), y las ideas sobre el proceso mismo de pensamiento (sombrero azul), tal como lo propone Edward de Bono en su clásico libro "Seis sombreros para pensar".

El perfil del nuevo profesional en mercadeo

Los profesionales del mercadeo, para acertar, deben tener la capacidad de recoger y analizar múltiples datos internos y externos acerca de su empresa, su mercado y sus clientes, su competencia y su entorno.

Y más allá de las cifras y los datos, más allá de los métodos estadísticos y el cálculo matemático refinado, tendrán la capacidad de mirar adentro de la realidad misma, “metiéndose dentro del pellejo del cliente para captar sus mensajes sutiles” , con el fin de descubrir allí oportunidades que los demás no ven, o pasan por alto.

Como afirman Sam Hill y Glenn Rifkin: “Para los radicales, la proximidad con el cliente es absolutamente esencial... Escuchan de labios de los clientes lo que ellos tienen que decir de sus problemas... Descubren a los clientes en los sitios donde viven y compran”.

Sólo así, el estratega de mercadeo podrá acertar más que otros en la búsqueda del mejor servicio a sus clientes, y este será el secreto de su éxito.

En esta forma, estará aplicando lo que sugiere Teodoro Levitt al hablar de la imaginación y el  mercadeo: “Los datos son colecciones toscamente amontonadas de hechos descarnados. Pero el mercadeo requiere información, o sea, organización selectiva e interpretación imaginativa de los hechos. Para tener información, debemos conocer, en alguna forma directa y sistemática, el mundo en el que actuamos. La esencia del mercadeo consiste pues en llegarnos hasta dentro de la vida y el trabajo de las gentes. Y esta debe ser la razón de ser de toda la empresa, y de cada departamento”.

 Recientemente nos comentaba el sicólogo Napoleón Franco, investigador de mercadeo y de opinión pública, cómo el papel del investigador no puede terminar en la recolección y organización de la información, sino que debe intentar la formulación y presentación de una interpretación razonable de los hechos descritos.

 Y aún debemos ir un paso más allá, pues es indispensable que el estratega sepa transformar esta información en conocimiento y en nuevas ideas. Sobre este punto, debemos recordar lo que advierte el gran maestro del pensamiento, Edward De Bono:

“La creatividad es fundamental cuando se trabaja con la información. Pensamos que si recabamos suficiente información, la información va a pensar por nosotros... La información es de extrema importancia, pero lo que importa es cómo la combinamos para generar valor. Hay personas que creen que si analizan la información van a obtener nuevas ideas. Y no es verdad. Si usted analiza la información, podrá elegir una de sus ideas estándar para aplicarlas, o combinar dos ideas; pero el análisis de la información no va a generar nuevas ideas... La información de por sí, sin ideas, es débil. La información es de extrema importancia, pero no puede sustituir a las ideas... La información también se está convirtiendo en un commodity, y lo mismo pasa con la tecnología de punta. Entonces, si todas estas cosas se convierten en commodities, ¿qué es lo que va a marcar la diferencia?”.

Más allá de los datos y la información, hasta el conocimiento y la creación

Y es que en el competido ambiente de los negocios, sólo triunfarán los profesionales que posean sólidos conocimientos científicos y conceptuales, que sepan escuchar y comprender a sus clientes, que puedan encontrar y analizar la información necesaria para competir exitosamente, y que al mismo tiempo valoren y desarrollen ampliamente su intuición creativa.

Pero esta intuición no debe basarse solamente en pálpitos, sino que debe desarrollarse como “el sentido común adecuadamente informado”.

(Recordemos estos gráficos que vimos en un blog reciente):

Los estrategas del mercadeo deben entrenarse para recorrer cinco niveles en el desarrollo de su visión y su pensamiento estratégico, con el fin de apoyarse en los primeros niveles (registros de los hechos e información) y proseguir hasta los niveles superiores (conocimiento, vislumbre y creación), así:


Bien apliquemos ahora este modelo a la labor de un ejecutivo de mercadeo o ventas:

5. Creación (= cómo será): Para triunfar, diseñaremos nuevos planes estratégicos que consisten en...

 4. Conocimiento (= por qué es): Las mejores ventas las logramos cuando planeamos y actuamos así...

 3. Información (= cómo es): Los mejores clientes y mercados son... y las mejores ventas las hacemos en....

2. Datos (= qué es): Hemos vendido tanto, a tales clientes, en tales mercados y en tales meses

1. Eventos (= algo ocurre): Hemos vendido productos y servicios a diferentes clientes... pero no sé cuánto


Como nos sugería hace poco Juan Ramiro Betancur Velásquez, consultor en estrategias para la industria de alimentos: “Hoy no basta con ‘pensar globalmente y actuar localmente’. También el estratega de mercadeo debe ‘sentir localmente’ ”

El nuevo balance entre razón y emoción

Como conclusión, cuando nos sintamos tentados a confiar excesivamente en la razón, debemos recordar lo que advertía un autor e investigador norteamericano de mercados, quien afirmaba: "La razón es selectiva. En otras palabras, la razón no es racional".

Y en todo esto, no podemos olvidar la hermosa reflexión de Blas Pascal, en su libro "Pensamientos" (IV, 277): "Le coeur a ses raisons que la raison ne connait point" ("El corazón tiene sus razones de las que la razón nada conoce").

Abril 28 de 2004 

ENTREGA 1. ¿Qué hace tan valioso al libro EL VENDEDOR HALCÓN: sus estrategias?

Bien, amigos lectores. Por fin solucioné los asuntos técnicos más importantes (aún me faltan otros) para presentarles esta nueva etapa de mi...